Algunas reflexiones sobre la pareja

Julio Artiles
Fundador/Director de Gestalt Mediterráneo

Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor…
aunque la violencia, se practica a plena luz del día..» John Lennon

Una pareja surge del encuentro afectivo entre dos personas que mantienen una relación amorosa de atracción, confianza, seguridad y respeto mutuo, dentro de un ámbito espiritual y social.
En la pareja podemos vivir la magia del encuentro que da lugar a un proyecto en común para el mutuo enriquecimiento, que implica el compartir y el disfrutar.

Existen tres modelos de pareja. El matrimonio, la pareja de hecho que convive y, por último, un tercer modelo, la “Relación LAT” (“living appart together”), como ha sido llamada por los anglosajones, algo así como estar juntos, viviendo separados. Cuando lo desean pasan temporadas juntos. Sin que esto signifique una relación abierta.

Y no es un acto de egoísmo, sino un modo de preservar el espacio individual de cada uno, evitando el desgaste que tanto produce, con los años, la convivencia, que en muchas ocasiones mata la magia del encuentro.

Esto que obliga a uno u otro miembro a tener que ceder su necesidad temporal de soledad, de intimidad en un entorno privado, al que no es necesario renunciar para estar con otra persona en un proyecto en común.

Esta modalidad implica, por supuesto, confianza y respeto, ambos imprescindibles, junto con el amor y la atracción.

Jorge Bucay sostiene que la pareja es como una mesa con tres patas, estas son: Amor, Atracción y Confianza.

“Sin estas tres patas, la intimidad no existe…. Ninguna de ellas dependen de mi voluntad… Se dan o no se dan, no dependen de mi decisión.” Si alguna de estas patas se debilita o se quiebra, deja de existir la intimidad de la pareja. El desencuentro surge y amenaza la supervivencia de la misma.

Tanto la pareja como el matrimonio suponen un contrato, tácito, o explícito. Este contrato tiene una fecha de inicio y un final que podría ser ”hasta que la muerte nos separe….” Esto es una expresión de deseos que no siempre se cumple.

Por supuesto, uno no contrae matrimonio, ni forma una pareja por un período determinado de tiempo. El deseo de dos personas enamoradas es que este encuentro dure toda la vida. Sin embargo, todo cambia, y nosotros también.

A medida que transcurre el tiempo, las expectativas personales y de pareja van cambiando, y lo que al principio lo unía, puede no ser ya lo mismo. Renovar el contrato periódicamente es necesario, con el fin de adecuarlo a las expectativas reales de del momento presente.
Las crisis en la pareja pueden implicar un proceso enriquecedor para ambos y para esta en sí misma. Muchas veces hemos escuchado que las crisis son una oportunidad de cambio, este implicará ajustes en la relación y creatividad para lograr el enriquecimiento y superación de la misma, revelando la solidez y el amor existente en el vínculo.

Una pareja supone dos personas que se quieren, se respetan y se valoran. Para que la pareja pueda crecer es necesaria una actitud empática entre sus miembros. Es decir, poder ponerse en el lugar del otro, sin perder el propio, claro. Sería como “ponerse en los zapatos del otro”, algo muchas veces tan difícil como necesario.

Todo sentimiento persistente debe ser expresado, suprimirlo sólo puede producirnos daño y empobrecimiento en la relación.
La comunicación es el combustible necesario para su crecimiento. Por eso, suponer, creer, imaginar, deben ser suplantados por el saber sobre la otra persona, dando lugar de este modo a una comunicación fluida, a una escucha auténtica del otro. De este modo la relación de pareja deviene un encuentro terapéutico para sus miembros.
Nada dura para siempre. La pareja se construye y enriquece cada día. ¡ La pareja es para quien la trabaja !

Como dice Vinicius de Moraes: “el amor es una llama que consume y consume porque es fuego, un fuego eterno….. Mientras dure.” La relación de pareja, afortunadamente, ha cambiado desde la que han vivido nuestros padres y abuelos. Lo frecuente, allá y entonces, era la obligatoriedad de “aguantar y amoldarse” a la otra persona, a cualquier precio. Hasta que la enfermedad crónica o la muerte les dijera basta..

La mujer tenía que aceptar el poder del hombre, la mujer no tenía que gozar, eso era cosa de hombres, y tantas otras frases terribles frecuentes en un pasado (no muy lejano). Cabe recordar, por ejemplo, la sumisión legal que tuvo la mujer española hasta el año 1975.
La incorporación de la mujer al ámbito laboral le ha dado a ésta, herramientas valederas para no tener que someterse al poder económico del hombre.

Sometimiento y renuncia no se conjugan con el amor. Ya no más medias naranjas. Hoy nos relacionamos como naranjas enteras, sin que sea imprescindible la presencia del otro para que nos complete y asegurarnos nuestra propia existencia.
Es notable que en el matrimonio heterosexual se utiliza, aún hoy, la fórmula:
“Os declaro desde este momento marido y mujer”. (x) ¿Esta antigua fórmula significaría que antes del matrimonio la mujer no era tal ?

Y aquí continúa apareciendo el rastro machista existente en nuestra sociedad, donde sus connotaciones son amplias y no contribuyen a la igualdad de derechos y obligaciones tantas veces proclamada.

A pesar de todo, el amor, la tolerancia, la comprensión, aún hoy existen en nuestro convulsionado mundo. Y la pareja, en cualquiera de sus modalidades, sobrevive a esta era plena de incertidumbre.

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