Buena vida y buenas vacaciones…!

Rosa Servera Morales
V Promoción 2009/2012

Cuando escuchamos la palabra “vacaciones“, generalmente nos evoca la misma idea: desconexión, relax, diversión, bienestar, paz, etc. Sin embargo, este espacio de tiempo tan esperado para todos, también puede traer una serie de dificultades personales, que con el ajetreo diario y la sobrecarga de ocupaciones, no habíamos tenido en cuenta.
De repente nos encontramos con un día lleno de horas libres, y se nos presenta el reto de organizarnos y tomar decisiones en base a unas necesidades internas, y no a una estructura establecida que marca las horas de sueño, comida, higiene personal, etc. Desaparecen las referencias externas y tenemos que echar mano de esa voz interna que hemos estado acallando durante el resto del año para adaptarnos a un ritmo de vida impuesto desde fuera.

En este periodo -cuando uno apaga los motores de la productividad-, es cuando puede ocurrir un verdadero encuentro con uno mismo, con nuestras necesidades más profundas, replantearnos nuestra forma de vida y/o sentimientos no tan agradables, como el vacío, la tristeza o la soledad.

A esto se le suma, generalmente, el encuentro a tiempo completo con el otro/otros -pareja, hijos, padres, amigos-. Pasamos de estar un “ratito” al día, a compartir muchos momentos y experiencias juntos. Si, como decía antes, podemos encontrar dificultades en ajustarnos a nuestro propio ritmo natural, éstas aumentan cuando tenemos que encontrar un punto en común y equilibrarnos con el ritmo del otro/otros. En este período es cuando se hacen evidentes y salen a la luz los conflictos y asuntos que no hemos tratado durante el año.

Y, ya para finalizar, cuando por fin nos hemos ajustado a nuestro propio ritmo natural y hemos encontrado una buena manera de regularnos a los ritmos de los demás…tenemos que volver al trabajo.

“Si junto al planteo del problema no propones una solución, eres parte del problema”, reza un viejo dicho. Por ello te sugiero dos recomendaciones, que sin ser soluciones, son un principio de ellas. En primer lugar hacer la mejor transición posible, tanto para empezar como finalizar las vacaciones, es decir, entrar y salir de una manera suave y progresiva. ¡Y atención que esto no depende del tiempo objetivo sino de tu propia mentalización al respecto! Los rituales de apertura y cierre ayudan a tomar conciencia y asimilar los cambios de una manera figurativa y simbólica. Y, en segundo lugar, y en la medida de los posible, no vivir de una manera polarizada, es decir, no pasar “de todo a nada”: encontrar momentos de relax y bienestar, momentos para compartir con los más cercanos (y resolver problemas!), momentos para estar con uno mismo, y escucharnos durante todo el año, y no esperar a este reducido periodo del año para disfrutar y vivir.

Desde Gestalt Mediterráneo te proponemos una nueva manera de enfocar la vida y entonces no será necesario desearte buenas vacaciones porque seguro que lo serán en todos los aspectos y a todos los niveles. ¡Que hagas tu vida propicia!

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