Carta a una madre asfixiante: A tí, mamá

Carmen Torres Robles
Teresa Jaúdenes Gual de Torrella
Ana Celia Piñar García
VII Promoción 2009/2012

“Mamá: cuando era pequeña estaba encantada que fueses mi madre. Eras mi referente, te veía preciosa y no era solo por como te acicalabas; era la fuerza y la vitalidad que emanabas. Sentía tu cuidado y tu amor y era incapaz de cuestionar ninguna de tus acciones. Me decía muy orgullosa ¡esta es mi madre!

A medida que iba haciéndome mayor empezaba a surgir mi voz, mi rebeldía y notaste que ya no era tan dócil. Esta nueva realidad no te gustó, pero aún todavía podías ejercer cierto control e influirme. A medida que me hacía una mujer empecé a ver que ya no me veías siempre como “a tu niña”… Fue cuando iniciaste una competición conmigo. Algunas veces, hasta podía sentir que me tratabas como a una enemiga. Empecé a darme cuenta que tu control y el poder que ejercías sobre mí me estaban asfixiando; me sentía sola y confundida, con miedo volar y a hacer mi vida
Mamá, he sentido sobre mi el peso de tus miedos y tus dudas llegando incluso a sentir odio y culpabilidad ante tus decisiones y mis acciones.

Ahora , que soy mayor, todavía guardo rencor por muchos momentos en que no me he sentido aceptada por ti y esos sentimientos, a veces, los he traslado a mi pareja, a mis hijos e incluso a mis amigos.

Escribiéndote esta carta lo que deseo es deshacer este rencor; deseo que veas que lo único que yo quería (y sigo queriendo) es que me reconozcas, me escuches y así sentirme aceptada y valorada por ti. Estoy abierta a que nos reencontremos desde otro lugar: desde la madurez de dos mujeres adultas que se respetan”

 

Diversos estudios sobre el desarrollo del apego relacionan la historia personal afectiva durante la infancia con la que se establece posteriormente entre los adultos. El enamoramiento, el mantenimiento del vínculo, las reacciones ante la pérdida del compañero, se pueden interpretar desde la teoría del apego de Bowlby (1969). El sistema de apego sirve para satisfacer las necesidades afectivas durante la vida, y tiene como objetivo lograr suficiente protección y seguridad emocional. El aprendizaje de los cuidados durante la infancia, ejerce una influencia en las relaciones con el otro en la vida adulta.

Los recuerdos de las madres de sus propias experiencias infantiles van a influir en sus atenciones a sus hijos y así influirá en todo su proceso de desarrollo.

Ser madre es un privilegio. Este rol de madre no da derecho a dominar psicológicamente a sus hijos al grado de no permitirles crecer y desarrollarse adecuadamente como personas. Una madre que sobreprotege hace pagar a su hijo el precio de perder sus alas y así mantenerse permanentemente atado al nido. Es la extorsión afectiva llevada a su máxima expresión, haciendo de “ese amor y cuidado” una estrategia de control y poder.

Es importante aprender a respetar la individualidad del hijo y permitir que ellos sean los protagonistas de sus vidas, que tomen sus propias decisiones, que aprendan de sus propios errores y que elijan cuál será su camino.

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