Cuando el cuerpo me habla

Marta Magrazó, José Ramón de la Peña, MªJosé Cánaves
VII Promoción 2009/2012

En nuestro día a día nos aparecen diferentes situaciones que, a su vez, nos traen cambios en nuestra vida: un enamoramiento, un cambio de trabajo, el nacimiento de un hijo, la pérdida de un ser querido…
Estas situaciones nos provocan cambios en el estado de ánimo. Algunas aportan emociones identificadas como “positivas” (alegría, satisfacción, placer…) y otras identificadas como “negativas” (rabia, tristeza, miedo….). Estas emociones denominadas “negativas” son las que manejamos con más dificultad, y son las que, en muchas ocasiones, nos provocan un conflicto. Ante esto el organismo siempre reacciona buscando una vía de escape: la aparición de síntomas conjuntamente con la sensación de malestar, pudiendo llegar a enfermar.

La enfermedad psicosomática es, entonces, aquella que convierte un conflicto emocional o psíquico en un síntoma físico.

Como ejemplo actual, podríamos hablar de una mujer trabajadora, a la que se le exige mayor rendimiento en su trabajo, y que esa tarea le reduce el tiempo para dedicar al cuidado de su familia, de su hogar y de sí misma. Al inicio, el organismo se va adaptando para sostener esta nueva situación, pero a medida que se alarga en el tiempo, la carencia del autocuidado hace que aparezca el estrés, nerviosismo y ansiedad. Poco a poco van apareciendo síntomas asociados, como por ejemplo el insomnio, trastornos alimentarios, dolor de cabeza, subidas de tensión arterial, eccemas en la piel, bruxismo, contracturas musculares, alteraciones del ciclo menstrual, fatiga, decaimiento….

Erróneamente vemos cada uno de los síntomas por separado. Nos enfocamos en él y buscamos una solución para que este se resuelva, como por ejemplo, tomar somníferos, analgésicos, antidepresivos…. sin tener en cuenta que este síntoma forma parte de un TODO, un conjunto de alteraciones fisiológicas que el cuerpo nos transmite en forma de “mensaje” y que son resultado de un conflicto emocional presente, del cual no siempre somos conscientes.

La única persona capaz de descifrar los mensajes que recibe del cuerpo es uno mismo. Tener una actitud de vivir el presente, consciente de uno mismo y de conexión con el cuerpo es el primer paso para llegar al bienestar.
Conocer lo que nos pasa, cómo vivimos nuestras emociones, cuáles son nuestras carencias y necesidades es lo que va a permitir conocer nuestros límites y posibilidades, y aceptarnos a nosotros mismos. Darnos cuenta de esto nos convierte en actores principales de nuestra historia, y nos da responsabilidad de todo aquello que nos pasa y hacemos en todo momento, al mismo tiempo que recuperamos la llave del cambio.

Así pues, rescatando el ejemplo anterior, el conocer las nuevas posibilidades y nuevas limitaciones que han aparecido en su vida, y hacerse cargo de ello, ofrece la oportunidad de reconducir su actividad diaria: por ejemplo, delegar tareas del hogar, pedir ayuda, negociar horarios…etc. y así llegar a poder satisfacer sus necesidades y sentirse mejor consigo misma.

El ir en contra de la enfermedad, verla como un enemigo que nos ataca, nos conlleva miedo y frustración. No luchar contra la enfermedad sino aprovecharla como oportunidad para conocer lo que somos, aceptando nuestros límites y posibilidades, nos hace crecer y ser más libres.

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