La importancia de despedirnos

Jordi Gil
I Promoción 2003/2006

Es importante que confrontemos la muerte y la procesemos de manera emocional. Para los profesionales de la salud es sintomático cuando una persona no llora la muerte de un ser querido, dado que esta es la forma natural de confrontar y manejar la pérdida (D.H. Barlow, et al., 2001). Todas las religiones y culturas cuentan con rituales sociales, tales como los entierros, los funerales o los segundos entierros, que ayudan a trabajar las pérdidas con amor y apoyo de parientes y amigos. Que el duelo rebase el tiempo normal conveniente sin ser resuelto es preocupante, puesto que luego complicará o retardará la recuperación de la pena profunda, un proceso que podría ser normal, se convierte en un trastorno, en duelo patológico.

El proceso de duelo tiene lugar en el tiempo y es un acercamiento gradual y homeostático a la aceptación de la realidad. El doliente a través de sucesivos encuentros donde manifiestan su pérdida del ser querido, y en contacto con esas experiencias, va aceptando poco a poco el hecho de tener que vivir sin esa persona que estuvo a su lado.

Hay prácticas sociales que marginan la muerte, que la niegan. Bowen (1976) pide a las familias que vayan a visitar a los moribundos con sus hijos. Nuestra cultura occidental trata de negar la muerte; se observa como se evitan palabras tales como muerte, entierro, funeral; sustituyéndolas en cambio por términos como deceso, tránsito, pérdida. El ritual ayuda a los sobrevivientes y amigos a poner fin a su relación con el muerto para continuar el camino por la vida.

En Indonesia muchas tribus celebran dos entierros: el primero es el ritual tal y como lo conocemos en nuestra cultura; la segunda ceremonia transcurrido un año aproximadamente, da lugar al entierro definitivo del esqueleto, durante este tiempo el familiar está de luto, dando por finalizado el duelo en el segundo entierro (R. Hertz, 2007).

Muchos terapeutas recomiendan rituales de despedida para desbloquear el duelo. Sin embargo, se ha demostrado, que sólo el ritual terapéutico en los duelos patológicos, resulta ineficaz (Horowitz et al.1997). El ritual sólo es parte del proceso; ayudar a los dolientes a hablar de su pérdida, o incluso, experimentar con supervisión terapéutica los momentos dolorosos, hará más factible la resolución del duelo. Cuando alguien pierde a un ser querido siempre hay cierta sensación de irrealidad. La primera tarea es llegar a tener conciencia de que la pérdida ha ocurrido de verdad, la persona que está muerta no volverá (W.Worden, 1997)

Pauline Boos(1999) analiza el concepto de la pérdida ambigua: entendida como la incertidumbre que rodea el hecho que haya habido una pérdida y no aparezca el cuerpo; por naufragio, guerra o catástrofe. La autora relata que este tipo de experiencias pueden provocar que las personas se sientan impotentes y proclives a la depresión, ansiedad y conflictos en las relaciones. Ahí vemos el determinante de no estar seguro sobre la presencia o la ausencia de alguien. Las personas anhelan la certeza. Hasta el conocimiento cierto de la muerte es preferible a la continuación de la duda. ( P.Boss, 1999, Pág.,19).

El enfoque Gestalt junto con el Couseling son dos herramientas eficaces para acompañar en los duelos o desbloquear duelos complicados pues somos conscientes de las implicaciones psicológicas que puede tener para nuestras vidas el dejar temas pendientes como lo es un duelo inconcluso.

[button url=»https://gestalt-mediterraneo.net/articulos/» color=»default» size=»medium»]Artículos[/button]

Gestalt Mediterraneo © 2019 - Todos los derechos resevados Aviso legal · Política de privacidad · Cookies | Diseño: javiertubert.es